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16 formas para ser un mejor profesor

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Ser un líder efectivo, en esta economía llena de sorpresas e incertidumbres, significa ser un buen profesor. Sin embargo, ¿Cómo hacer para liderar y enseñar a la vez? ¿Quiénes son sus estudiantes más importantes? ¿Cómo deben ser los descansos entre clases? Ser buen profesor es parte esencial del liderazgo en esta nueva economía gobernada por las ideas. ¿De qué forma se logra persuadir a toda la gente en una organización, sean 50 ó 50 mil, empleados, para que se mueva en la misma dirección? ¿Cómo orientar de nuevo al personal cuando se han tenido que reducir las estrategias para ajustarlos a la recesión? ¿Cómo sabemos que la gente de todos los niveles entiende cuáles son las prioridades del momento? ¿Cómo cultivar los líderes del mañana? Muy sencillo: mediante la enseñanza. Algo muy diferente de dictar una conferencia delante de toda una compañía, o darle órdenes a un subordinado. Eso no es enseñar; eso es mandar y no garantiza que la gente aprenda lo suficiente como para tomar decisiones en el futuro. ¿Qué deberíamos imitar de lo que hacen los maestros? Le consultamos a la gente que sí sabe: a los maestros. A todo tipo de profesores. Algunos enseñan en clases formalmente. Otros enseñan informalmente en sus oficinas, durante la comida o al vuelo, mientras están dirigiendo las empresas. Nuestros expertos han entrenado gerentes, desarrolladores de software, vendedores y estudiantes de maestrías en administración, así como también a estudiantes de primaria, músicos, cirujanos y a otros profesores. La buena enseñanza resultó ser universal. Los mismos principios y muchas de las mismas técnicas son válidos ya sea para el lanzamiento de un nuevo producto, para el estudio de temas sociales o una cirugía de bypass triple. ¿Está usted dispuesto a aprender? Escoja pupitre y abra el cuaderno.

1. La cuestión son ellos, no usted
Algunos profesores se ven a sí mismos como los elegidos, cuya labor es imponer sus conocimientos ante uno estudiantes que son receptáculos vacíos. Están muy equivocados, dice William Rando, quien ha estado capacitando profesores universitarios hace 15 años. Los mejores instructores se consideran a sí mismos como guías. Comparten lo que saben y tienen presente que ellos no son lo más importante. Sus estudiantes son lo más importante del proceso. Para Rando, director de preparación y desarrollo de la enseñanza en la Universidad de Yale afirma, “No quiere decir que el profesor no importe. Lo que significa es que el profesor, en lugar de preguntarse: ¿Qué voy a hacer hoy?, se pregunte: ¿Qué van a hacer mis alumnos hoy?”

2. Conozca a sus estudiantes
Conocer la materia no es suficiente. Como maestro, usted debe conocer a las personas a las cuales les está enseñando, sus capacidades, experiencia y necesidades. De otra forma, ¿cómo va a estar seguro de lo que ellos ya saben y de lo que necesitan aprender? “les digo a todos mis profesores-alumnos que se imaginen que alguien los llama y les dice: Quiero entrar a Yale”, dice Rando. “Lo primero que uno tiene que preguntarle a esa persona es: ¿En qué nivel está usted? Uno tiene que saber en qué punto va a empezar esa persona antes de ayudarle a llegar a su destino. Puede parecer obvio, pero con frecuencia los profesores entramos en la materia y nos olvidamos de preguntarle a los estudiantes: ¿Dónde están?; ¿Qué bases tienen para empezar? Yoheved Kaplinsky, directora de música en Julliard School, Estados Unidos, le da mucha importancia al conocimiento que sus estudiantes tienen de sí mismos. “Quiero que mis estudiantes evalúen su propio desempeño”, dice ella. Así tengo una base para saber qué tan astutos son o qué tan engañados están. Uno lee entre líneas y se hace una impresión de sus personalidades”.

3. Los estudiantes toman riesgos cuando los profesores crean un ambiente seguro
El aprendizaje exige vulnerabilidad. Dice Michele Forman, quien enseña sociales en un colegio de bachillerato en Vermont, y fue escogida como la maestra del año 2001. “Los estudiantes deben ser conscientes de lo que no saben, tomar riesgos y recapacitar sobre lo que creían que sabían, hecho que puede ser incómodo y asustador para cualquiera. Darles a los estudiantes un ambiente cálido trae buenos resultados”, dice Forman. Por ejemplo, colocar unos cojines en un rincón de la clase o decorar las paredes con los trabajos de los alumnos les brinda la sensación de que el espacio es de ellos. El resultado es un ambiente de trabajo agradable emocional, intelectual y psicológicamente. “Si los alumnos no se sienten bien, les preparo un agua aromática. Si tienen hambre, les doy algo de comer”, dice Forman. “Puede ser algo muy sencillo, pero les transmite un mensaje importante. Los estudiantes necesitan saber que pueden confiar en su instructor”. He ahí otra norma de Forman: Prohibido el sarcasmo en el salón de clase. “El sarcasmo produce temor de que el profesor lo haga quedar en ridículo”, dice ella.

4. Los buenos profesores reflejan pasión y objetivos claros. La diferencia entre un buen profesor y un profesor excelente no es la experiencia, es la pasión
Pasión por los temas, pasión por enseñar. Las ganas son contagiosas, dice H. Muir, encargado de capacitación de la compañía S C Jonhson de Wisconsin. Si el profesor trabaja con ganas, los alumnos se contagiaran con seguridad. “Mis padres eran profesores de bachillerato”, dice Muir. “Lo más significativo que aprendí de ellos fue la importancia de ser apasionados, y serlo de verdad”.

5. Los estudiantes aprenden cuando los profesores les muestran cuánto tienen por aprender
Tom McCarty, director de servicios de consultoría en Motorola University, utiliza el viejo dicho de: “cuando el alumno está listo, aparece el maestro”. Algunas de las personas que se inscriben en los talleres de mejoramiento continuo no están listos, porque no sienten que tienen que mejorar. No ven la gran brecha que hay entre lo que saben y lo que deberían saber. Uno de los objetivos principales de McCarty es hacerlos conscientes de esa brecha. ¿Está su equipo alineado de acuerdo con las expectativas del cliente?”. La respuesta de uno de los líderes del equipo será: “Claro que sí”. Acto segundo, McCarty le pide a cada uno del grupo que escriba las cuatro prioridades de los clientes y que las pongan en el tablero para que todos las puedan leer. “En un equipo de 15 miembros resultan 60 prioridades diferentes”, dice él. “Apenas se dan cuenta de esto, me piden ayuda”.

6. Sea claro aún cuando el tema sea difícil
Uno de los mayores atributos de un maestro excelente es su habilidad para coger una idea compleja, dividirla en partes y hacerla comprensible. Lo mismo puede decirse hoy en día de los líderes empresariales, según Gary Grates, director de comunicaciones de General Motor. De hecho, para Grates, la comunicación es la esencia de enseñar y aprender. “El asunto más importante par aun líder es que lo entiendan. Cuando uno habla sobre Wall Street, sociedades, clientes o empleados, la gente que lo escucha debe entender la historia de la organización, metas, por qué están haciendo esos cambios, cómo trabajo usted, cómo razona. De lo contrario, se pierde valor, ventas, nuevas oportunidades y empleados. Por eso es tan importante la capacitación.

7. Ponga en práctica la vulnerabilidad sin perder credibilidad
Para algunas personas, ser profesor o líder significa aparentar que se las saben todas. Cualquier signo de vulnerabilidad o desconocimiento se considera una debilidad. Esos líderes pueden ser los peores maestros, dice Parker Palmer, un instructor de vieja data y autor de Valentía para enseñar :explorando la vida interior de un maestro.. La mejor respuesta que un profesor puede dar a veces es: No sé, en lugar de perder credibilidad, ese profesor gana la confianza de los estudiantes y esa confianza será la base de una relación muy productiva. “Todos sabemos que la perfección es una máscara”, dice Palmer. “No confiamos en la gente que se esconde detrás de esas máscaras de todo me lo sé. Sabemos que no son honestos. Las conexiones más profundas las establecemos con las personas que reconocen que tienen que hacer esfuerzos”

Reconocer lo que uno no sabe demuestra que todavía tiene cosas por aprender, es decir, que el maestro es también un alumno. Este es un acto de equilibrio muy delicado para el líder de una organización, dice Mike Leven, ex presidente de la cadena hotelera Holliday Inn de U.S. “aún cuando no tener respuesta para todo es aceptable, la gente espera que uno tenga a la mano las respuestas para ciertos asuntos. Tampoco resulta bueno que la gente esté comentando, “¿por qué tienen a ese dirigiendo la compañía?

8. Enseñe con el corazón
La mejor enseñanza es personal, no tiene fórmulas. Las personas que enseñan sobre Shakespeare lo hacen de diferentes maneras, dependiendo del auditorio y de su visión acerca del mundo. O como dice Palmer, “enseñamos lo que somos”. El acto de enseñar supone la valentía de explorar el propio sentido de identidad. Si uno no se conoce a sí mismo, asevera Palmer, no puede conocer a sus estudiantes y, por ende, no puede contactarse con ellos. La gente compensa esta falta utilizando técnicas inteligentes hasta que la superan.

9. Repita los puntos importantes

Si usted quiere que sus empleados recuerden la nueva misión de la empresa, o la nueva estrategia de mercado, tiene que repetírsela más de una vez. “La primera vez que uno dice algo, lo escuchan”, dice William Rastetter, profesor en MIT y Harvard. “La segunda vez, ya lo reconocen y la tercera vez, lo aprenden”. El desafío consiste, entonces, en ser consciente, sin llegar a volverse aburridor o predecible. Los maestros más buenos siempre serán interesantes, porque se ingenian nuevas formas de expresar las mismas ideas. Craig Weatherup, presidente de Pepsi, está repitiendo constantemente el mensaje de que el mayor potencial de crecimiento para la compañía lo representa el agua en botella, no la gaseosa. Los 25 miembros de su comité operativo le han escuchado martillar esa estrategia repetidamente, pero para él no es suficiente. “Uno tiene que hacer un poco de trampa y disfrazar los temas para que la gente crea que eso no lo ha oído antes”, dice Weatherup. “Siempre trato de encontrarle una nueva interpretación a la categoría del agua, pero el mensaje fundamental es el mismo: es importante para la compañía”.

10. Los buenos profesores hacen buenas preguntas
Los profesores acertados saben que aprender se refiere a explorar lo desconocido y que dicha exploración comienza por hacer preguntas. No se trata de simples cátedras camufladas, ni de preguntas que se responden con sí o no, sin despertar el ánimo de discusión. Se trata de peguntas que abren la puerta a un entendimiento más profundo, tales como: ¿Cómo funciona eso? ¿Qué significa esto? La pregunta favorita de Grates es: ¿Por qué? “Si quiere llegarle al meollo del asunto pregunte por qué cinco veces”, dice él.

David Garvin, profesor de Harvard School of Business, entrevistó para su libro Learnig in Action a ejecutivos dedicados a la enseñanza y encontró que una de las maneras que ellos utilizan para enseñar a tomar decisiones importantes es jugar a ser el abogado del diablo. Estos profesores les preguntan a sus colegas: ¿Qué tal si hacemos lo contrario de lo que ustedes están sugiriendo? La idea no es menospreciar una decisión, sino fortalecerla mediante un análisis completo de las opciones, aún de las más estrafalarias. “Así, la norma para promoverlo a uno de puesto sea tener las respuestas correctas”, dice Garvin, “es importante hacer las preguntas correctas, mientras va ascendiendo en su posición”.

11. No se trata de repartir información. Se trata de enseñarle a pensar a la gente
Lo último que uno quiere hacer es pararse delante de la gente y decirle qué tiene que hacer, o darle las respuestas que uno quiere oír. A los mejores instructores les interesan menos las respuestas, que el contenido que hay detrás de ellas. Lo que los líderes tienen para ofrecer es “un punto de vista que se pueda enseñar”, dice Noel Tichy, profesor de negocios de la Universidad de Michigan. Se refiere a cómo esos líderes miran el mundo, interpretan la información y reflexionan sobre los problemas. “uno ambiciona tener un grupo de personas conocedoras de lo que uno quiere, pero al mismo tiempo, que se sientan libres de tomar decisiones propias en el día a día”, dice Gene Roberts, anterior editor de los periódicos Philadelphia Inquirir y The New Times y actual profesor de periodismo en la Universidad de Maryland. Cuando él trabajaba en el Inquirir, el periódico se ganó 17 premios Pulitzer “Uno tiene que saber cuándo soltar la cuerda, de manera que la gente no cree una dependencia de uno. En el negocio de las noticias, la rapidez lo es todo, y si uno tiene empleados que están pendientes, sólo de lo que uno diga, la competencia le sale adelante.

12. Deje de hablar y escuche.
Cuando de enseñar se trata, es tan importante lo que uno hace como lo que uno dice, pues los estudiantes siempre lo están observando. Una forma de demostrarles que uno se preocupa y se interesa por ellos, es escucharlos. El aprendizaje efectivo es una calle de dos vías, es un diálogo, no un monólogo. Después de lanzar una pregunta, los malos maestros no esperan las respuestas, sino que se afanan por darlas. Muir dice que se deben esperar diez segundos. “Si uno quiere ser un buen profesor, tiene que darle espacio y acomodarse a los silencios”, dice. En esos momentos incómodos a veces se generan los pensamientos más productivos.

13. Aprenda a saber qué debe escuchar.
Levi Watkins es profesor de cirugía en el Hospital John Hopkins, en Baltimore, donde los residentes aprenden a trabajar al lado de los cirujanos de planta y los académicos. Antes de comenzar una cirugía, Watkins le solicita a un residente que le presente el caso y le vaya describiendo el diagnóstico y el procedimiento, como si las cartas estuvieran al revés y él fuera el alumno. “Le pongo atención a cómo el residente ensambla toda la información, cómo organiza sus pensamientos”, dice Watkins. “Decidirse a operar a alguien del corazón, es algo muy complicado. Puede existir una diferencia de opinión entre los doctores, pero hasta ahí llega el asunto. Una vez que abrimos, tenemos que seleccionar cuáles arterias se pueden reparar y cuáles no merecen el procedimiento del bypass.

Cuando Weatherup visita a los gerentes de Pepsi en cualquiera de sus 300 localizaciones, le dedica mucha atención al lenguaje que escucha. En un análisis de gerencia sobre el mercado local, por ejemplo, Weatherup está listo a escuchar las referencias que se hacen a la misión general de la compañía o a alguna de las estrategias que él haya delineado. No le interesa imitaciones. Él quiere percibir que el gerente conciba su parte del trabajo dentro de un marco correcto. “Si escucho el lenguaje de la empresa en boca de la gente, sé que les estoy llegando”, dice Weatherup. Su primer trabajo con Pepsi fue en Japón y esto lo obligó a convertirse en un buen receptor. Debido al que el inglés era la segunda lengua de sus colegas, Weatherup se volvió muy sensible a la parte emocional detrás de las palabras de las personas. Todavía hoy está pendiente de escuchar: “Me interesan no solamente las cifras y el volumen sino también los sentimientos de las personas. “Quiero saber qué les produce satisfacción y qué los frustra.

14. Permita que sus estudiantes se enseñen unos a otros
Usted no es la única persona de quien aprenden sus alumnos. Ellos también aprenden por sí solos y de sus compañeros. “Así funciona el triángulo del aprendizaje”, dice Marilyn Whirry, profesora de inglés en un colegio de California. Ella cree firmemente en los grupos pequeños. Ella le da al grupo una pregunta sobre el libro que está leyendo y deben responderla antes de pasar a la siguiente. “Ellos se oyen unos a otros”, dice Whirry, nombrada la maestra del 2000 en los Estados Unidos. “A lo mejor uno de los compañeros tiene un concepto que los otros nunca habían pensado; tal vez sea una idea con la cual puedan construir algo. Es muy emocionante observar el proceso”. Rando, profesor de Yale, ha llevado esta idea a una etapa más avanzada. Él ha designado pequeños grupos para que se vuelvan expertos en diferentes temas y luego se mezclen con alumnos de grupos nuevos, de manera que tengan que enseñarle a otra persona lo que han aprendido. “Este método multiplica lo que ocurre en la vida real”, dice Rando. “Todo el mundo tiene una parte de información pertinente, lo que hace de cada persona un maestro y un aprendiz.

15. Evite utilizar la táctica para dirigirse a todas las personas
Los buenos maestros piensan que cada estudiante tiene la capacidad de aprender y que cada estudiante aprende en forma diferente. Algunos en forma visual; otros agarran el conocimiento en forma abstracta; otros aprenden mejor cuando leen. El instructor adopta una posición multidimensional, algo así como: dictar clase por 20 minutos, lanzarle a la clase una pregunta de selección múltiple utilizando el tablero o una diapositiva, luego pedirle a todos los alumnos que escriban una respuesta a esa pregunta y por último, hacer que cada uno le explique su respuesta a alguien más en la clase. Después de varios minutos, sondear en la clase para ver quién escogió cuál respuesta. Entonces, pedirle a alguien de cada grupo que explique sus respuestas. Rando le llama a esto conferencia activa.

16. Nunca deje de enseñar
La relación entre el profesor y el alumno no se agota cuando se termina la clase o el día de trabajo. “Procuro mantenerme lejos de la actitud de estar dominado por el horario, o que los demás me interesan, cuando estoy en horas de trabajo y después que no me molesten, dice Kaplinsky. “Uno de los ingredientes más importantes de enseñar es que a uno le guste. Yo vengo de Israel, donde existe un dicho: más grandes que las ansias del ternero por alimentarse, son las de la madre por alimentar a su cría.”. Así concluimos nuestras lecciones sobre la enseñanza. ¿Alguien pregunta? ¿Nadie? Muy bien, la clase ha terminado.

Autor: Chuck Saffer

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Esta entrada fue publicada en 24 enero, 2017 por en EDUCACIÓN y etiquetada con .

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