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Okinawa: Tierra de la Mano Vacía… ¿O Parque Temático de Karate?
He estado pensando en la situación actual del Karate en Okinawa desde que volví a casa a principios de año; Incluso tengo un borrador de un artículo sobre el tema, pero al final he pensado que más de 2500 palabras quizá era darle al asunto demasiado protagonismo. Aún así… Voy a publicar aquí algunas de mis opiniones de todos modos; a ver qué pensáis…
He estado viajando a Okinawa con regularidad desde febrero de 1984, y aunque el tiempo total que he pasado en la isla sumaría poco más de un año (mucho menos de lo que han pasado muchas otras personas), he estado viajando allí durante un periodo de tiempo lo suficientemente largo como para advertir algunos cambios significativos; el más evidente de ellos quizá sea la facilidad con la que ahora se llega a la isla, y el tipo de gente que escoge ir allí.
Sin embargo, simplemente llegar al aeropuerto de Naha no garantiza una visita que haga que el desembolso económico valga la pena: al menos en lo que a mí respecta. El método moderno tipo «Paquete Turístico/Vacacional» de experimentar el Karate okinawense es en mi opinión típico de una sociedad que quiere que todo se lo hagan fácil. Vuelos, alojamiento, e incluso el entrenamiento, todo bien empaquetado y puesto en bandeja para aquellos demasiado perezosos, o asustados, como para levantar el culo por sí mismos y hacer que las cosas sucedan.
Ejemplo: A principios de año estaba caminando por Kokusaidori y me encontré detrás de un grupo de «karatekas» visitantes. ¿Cómo sé que eran karatekas? Todavía llevaban puestos los pantalones del karategi, algunos llevaban camisetas con dragones y la palabra «karate» escrita, y otros llevaban la chaqueta del karategi medio metida en sus mochilas (como si fuera la ropa sucia). Cuando pasamos por al lado de un McDonald’s, uno de ellos dijo gritando, y algo aliviado: «¡Al fin, un sitio donde comer!»
Ejemplo: Gente que aparece en el bar con el karategi puesto.
Ejemplo: Extranjeros que llegan al dojo pidiendo instrucción, se les invita a regresar al día siguiente, y ya no aparecen.
Podría seguir, pero sospecho que un gran número de los que se hacen llamar karatekas actualmente no alcanzarían a ver qué hay de malo en los ejemplos que he dado. Este año dejé Okinawa preocupado por el futuro del Karate. Oh, no me malinterpretéis, Okinawa todavía es el hogar de muchos karatekas verdaderamente excelentes, tanto profesores como alumnos; pero me da la sensación que la isla está en peligro de complacer, más de lo que debería, los caprichos de los visitantes que desean obtener lo que ellos quieren del Karate y el Kobudo, y dar muy poco a cambio.
Visitar Okinawa para entrenar no es irse de vacaciones, al menos esa ha sido mi experiencia a lo largo de las tres últimas décadas. Y sin embargo, estoy empezando a ver signos de que la isla se está convirtiendo en una especie de parque temático de Karate. Un lugar al que ir de gira turística con cincuenta de tus mejores amigos. ¿Es esto lo que la gente realmente quiere?… ¿Excursiones de instituto? ¡Creo que va siendo hora de crecer!
Si necesitas un intermediario que haga todos los preparativos en tu lugar, o necesitas que alguien te agarre de la mano antes de estar preparado para dar un paso hacia delante, ¿qué dice eso de tu fortaleza (o debilidad) de carácter? ¿Cómo diablos esperas aprender algo que valga la pena acerca del Karate, o acerca de ti mismo, si no puedes encontrar en tu interior la capacidad de asumir el control de tu propia vida?
Fuente:
«Is Okinawa becoming a Disneyworld attraction?»
Traducción al castellano: Víctor López Bondía [Con la autorización de Michael Clarke]
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