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El Dōjō (道場) es mucho más que un lugar donde se entrenan artes marciales.
Etimológicamente se compone de:
Originalmente el concepto proviene del budismo, donde el dōjō era el sitio del “despertar de Buda”. Más adelante, el término fue adoptado en la práctica militar del bujutsu, como lugar de entrenamiento integral del guerrero.
En el budō, el Dōjō es simultáneamente:
En la antigüedad, los dōjō eran pequeños, discretos y reservados: se buscaba proteger el conocimiento técnico y transmitirlo solo a quienes demostraban disciplina y compromiso.
Con el tiempo, especialmente en Occidente, el término se tradujo de forma simplista como “gimnasio”.
En muchos casos, junto con esta traducción se perdió parte del valor moral, espiritual y cultural que el dōjō representa.
El Dōjō funciona como una pequeña sociedad regida por normas estrictas:
En el entrenamiento se aprenden no solo técnicas, sino también valores: higiene, orden, respeto, compostura, silencio, autodisciplina y la ética propia del arte marcial.
Cada Dōjō tiene un diseño simbólico. El espacio está organizado de forma muy precisa:
Es el lado más importante, contrario a la entrada del tatami.
Es el sitio donde se colocan:
Cuando se realiza el saludo “Shōmen ni rei”, es hacia este lado que se dirige el respeto.
Es el lado opuesto al shōmen, donde se alinean los alumnos en orden de grado al momento del saludo.
Situado a la derecha mirando al shōmen.
Aquí se ubican los Sempai o asistentes del Sensei.
Lado izquierdo del shōmen.
Generalmente se mantiene libre durante el saludo.
Durante prácticas en pareja, el practicante de mayor grado ocupa la posición de espaldas al shōmen.
Aunque cada maestro tiene sus costumbres, estas normas son comunes en la mayoría de los dōjō:
El Dōjō no es una simple instalación deportiva.
Es un espacio sagrado de crecimiento, disciplina y transmisión cultural.
Es responsabilidad de todos —Sensei y alumnos— proteger su esencia y mantener vivas sus tradiciones.
Por Leonardo Marchi – Traducción y adaptación al español