La importancia de la familia frente al dopaje es fundamental, sobre todo, los padres del deportista. Ellos deben jugar un papel principal en la lucha contra el dopaje creando un clima de apoyo, comprensión y comunicación entre padres e hijos.

En su libro de memorias “Open”, el tenista André Agassi relata cómo su padre le suministraba pastillas de speed para que no se cansara y pudiera rendir durante más tiempo. Un padre exigente y autoritario al que lo único que parecía importarle era los éxitos deportivos de su hijo, incluso por encima de su propia salud.

Tristemente, hoy en día asistimos casi semanalmente a eventos deportivos infantiles donde los padres son un mal ejemplo para las chicas y chicos que participan en ellos. Su comportamiento en la grada deja mucho que desear. Insultan a los árbitros, desautorizan a los entrenadores e incluso le faltan al respeto a sus propios hijos metiéndoles una presión absurda e innecesaria que lo único que consiguen es bloquear y  frustrar al joven deportista.

Si un padre o una madre es capaz de insultar su propio hijo en público por exigirle que marque un gol, por haber fallado un pase, una canasta fácil o un golpe de revés relativamente sencillo, tenemos un gran problema… ¡Qué no podrá hacer en privado!

Esto es un caldo de cultivo muy peligroso. Un chaval, sometido desde una edad muy temprana a una gran presión por no poder fallar, cuando crezca hará casi cualquier cosa por mantener a sus exigentes padres contentos, incluso doparse si hace falta.

El caso del padre de Agassi es tristemente más común de lo que parece.

En el lado opuesto están mis padres

Yo, durante 20 años me estuve dopando con todo tipo de sustancias. Me convertí en un adicto tanto físico como psicológico de estas sustancias dopantes. Entré en un círculo del que no se puede salir solo. Mi vida se convirtió en una obsesión por conseguir un físico 10 a costa de todo lo demás.

Físicamente acabé destrozado. Como ya contaba en otra reflexión, estuve 4 años para recuperarme. Pero psicológicamente fue peor. El estar 20 años dopándome me acarreó una gran depresión que unido al efecto rebote de todas las sustancias de las que había abusado durante años, me convirtieron en un zombie.

Hasta que un día toque fondo y entré al borde de la muerte en urgencias. A partir de ahí, la recuperación..dura, larga y difícil. Y quieres estuvieron ahí? Mi familia, mis padres, sin pedir nada a cambio, nunca. Tiene que ser muy duro para unos padres ver a un hijo así. Y al principio mucho más, porque yo no era del todo consciente de que estaba realmente enfermo y eso hacía la convivencia casi imposible.

Mis padres nunca me han reprochado nada, siempre han estado convencidos de mi recuperación. Aguantaron mis días malos, mis días en los que me miraba al espejo y me daba asco porque mi cuerpo 10 se había esfumado y yo no podía soportarlo, aguantaron el tener que recoger un montón de citaciones judiciales que me llegaban  para asistir como testigo a juicios por tráfico de anabolizantes e incluso aguantaron el tener que registrar diariamente la habitación de su hijo por si escondía algún producto dopante.

Los padres son siempre la primera barrera frente al dopaje

De los valores que le trasmitan al joven deportista dependerá en buena parte el camino que elija este en un futuro; el camino de la cultura del esfuerzo y el sacrificio con un éxito prolongado o la cultura del atajo y de la trampa, del camino fácil pero con un éxito muy malicioso y corto.

Muchos padres me comentan preocupados que sus hijos de 16 o 17 años que acaban de apuntarse a un gimnasio con sus amigos les han llegado con una hoja escrita que les ha dado el monitor donde pone una dieta en la que apenas pueden comer de nada y encima tienen que desayunar 20 claras de huevo. O que quieren tomar ya proteínas en polvo porque el resto de chicos del gym las están tomando. Quizás habría que hacerles entender que un filete de pollo les va a hacer el mismo efecto que esa proteína en polvo que para nada es milagrosa aunque la publicidad engañosa que utiliza la marca que se la venda así lo parezca.

Cuidado con estas cosas! Son síntomas que nos deben alertar de que algo no va bien

Está bien que los padres se informen y sepan de dopaje, eso les ayudará a detectarlo y combatirlo. ¿Qué dos puntos debemos tener en cuenta si tenemos sospechas?

Cuando tu hijo o tu hija se empieza a separar de sus amigos de siempre y deja de hacer cosas que antes le gustaban para pasar más tiempo con sus nuevos amigos del gimnasio, tengamos cuidado.
Ojo con los canales de YouTube: en el mundo del fitness últimamente muchos jóvenes youtubers de apenas 20 años recomiendan el uso de sustancias dopantes minimizando sus efectos secundarios y promoviendo su uso “razonable”. No existe ningún uso “razonable” de un medicamento en dosis 20 veces la terapéutica por una persona sana que no lo necesita. Y mucho menos para hacer crecer los músculos o rebajar 2 minutos la marca en una carrera de 10 km. Nada sale gratis, os lo aseguro. ¡El dopaje se paga muy caro!

Pero los padres también sufren el dopaje en sus carnes.

Preguntemos a cualquier padre de algún atleta que haya dado positivo en un control, o preguntemos a los míos. Evidentemente, mi caso es un extremo de adicción al dopaje, pero en medio hay muchos casos parecidos donde la familia es fundamental para la rehabilitación del atleta.

Una vez que llega un positivo, el entorno familiar se resiente y se pierde la confianza. Pero hay que tener en cuenta que un atleta no se puede recuperar nunca del dopaje ni curar sin dos aspectos fundamentales: La aceptación de lo ocurrido y el reconocimiento de la culpa.

Estos dos aspectos le permitirán al deportista normalizar la situación en un periodo de tiempo más corto, teniendo presente que el proceso de disculpa y recuperación de la confianza nunca será inmediato, sino muy largo. Por el contrario, un deportista que no explique la verdad de lo sucedido, o que esté constantemente buscando excusas para esconder la realidad, nunca conseguirá rehabilitarse ni volver a competir con garantías. No podrá salir del círculo vicioso del dopaje.

AlbertoGarridoFamilia

Alberto Garrido y familia

Y estos procesos requieren de mucho tiempo y paciencia por lo que la ayuda familiar se hace imprescindible para fortalecer la personalidad del deportista de tal forma que pueda prevenir el dopaje o salir de él en caso de haber caído.

Por último, me gustaría dejaros otras dos pautas de cómo se debe prevenir el dopaje desde la familia:

1. Ser cercanos, tender la mano, estar en los buenos y malos momentos (tanto en la victoria como en la derrota)

2. Valorar el esfuerzo y el sacrificio, premiar el trabajo bien hecho (independientemente del resultado), permite crear una estabilidad fuerte entre padres e hijos y un clima de seguridad y apoyo.

 

Alberto Garrido
Exculturista y exadicto a sustancias dopantes
Colaborador AEPSAD